Libros y cine: amor eterno.

Fray Futurama

¡Buenos días, viajeros espaciales!

Amor eterno, sí, como el de un padre a un hijo. Porque es de la celulosa (papel) de donde se obtiene el celuloide (película). Y si nos ponemos mas específicos, sin la literatura, el cine, quizás, y sólo quizás, habría tardado más en desarrollarse, pues fueron las primeras adaptaciones literarias a la gran pantalla (encabezadas por el blockbuster de la época Lo que el Viento se Llevó, entre otras muchas más) las que comenzaron a traer al público a las salas de forma masiva, creando una industria que pasaba de historias creativas en aras del espectáculo visual a metrajes largos cargados de profundidad literaria. Incluso obras como La Guerra de los Mundos ayudaron a generar un movimiento de cine espectáculo que respetaba el espíritu de una obra escrita (no ya de la que estaba basada, sino de la literatura en general). Pero me estoy extendiendo demasiado. Y es que quien me siga desde hace tiempo ya sabe que soy apasionado del cine, mucho, y que si el día tuviese más horas, tendría mi blog de Ponepelis. Pero centrémonos.

En esta entrada hablaré de las obras literarias adaptadas al cine con ayuda robada de otras webs. Y todo por una infografía (en inglés) que me encontré en la web Uvejota sobre escritores vivos más adaptados al cine. No es ninguna sorpresa el ganador, ¿verdad? Ya os lo dije en este post:

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“MARTE AZUL”, de Kim Stanley Robinson.

Marte Azul Kim Stanley Robinson

¡Buenas tarde, viajeros espaciales!

Reseña difícil, esta del cierre de la Trilogía Marciana de Kim Stanley Robinson. ¿Qué decir sin spoilers de un libro que es solo una parte continuista de la misma obra? Y es que tanto en la reseña de Marte Rojo como en la reseña de Marte Verde conté todo lo que se puede contar sin desvelar nada. Aun así, algo tendré que decir, ¿no? Y ya aprovecho y valoro la trilogía, aunque sea repitiéndome.

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Portadas de libros minimalistas.

¡Buenos días, viajeros espaciales!

Hace tiempo, cuando era joven y vivaracho, hice unas entradas en las que recopilaba tanto portadas de libros y cine minimalistas, como portadas de cuentos infantiles minimalistascomo portadas minimalistas de Harry Potter. Ahora, de mayor y ermitaño, vuelvo a recopilar más portadas de libros minimalistas. Irán por secciones, intentando referenciar a los autores (no siempre me será posible) o agrupando por estilos (hay mucho 1984 de Goerge Orwell y Harry Potter, por ejemplo). Así que, ¿os parece que dejemos de leer un ratito y nos recreemos con arte visual? Porque a mí me apetece…

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“MARTE VERDE”, de Kim Stanley Robinson.

Marte Verde Kim Stanley Robinson

¡Buenos días, viajeros espaciales!

¿Os acordáis de la reseña de Marte Rojo? Sí, esa del libro de ciencia ficción, en Marte. Sí hombre, esa que daba el pistoletazo de salida a la Trilogía Marciana de Kim Stanley Robinson. Pues bien, ¡aquí está la segunda parte!

Oye, tu, poneletras… No se ha comido mucho la cabeza para los títulos, ¿no?

Al contrario, mi buen amigo lector. Los títulos de esta trilogía te puedo asegurar que están muy pensados, además de ser geniales. Y es que sí, lo sencillo es lo que mejor funciona, pero también lo más difícil de crear. ¡Pero no me despistes! Que yo me pongo a ver una mosca y acabo estudiando fórmulas del caos.

Que tenemos reseña, del segundo libro de la Trilogía Marciana de Kim Stanley Robinson, y que vamos a ver qué tal está, de forma breve, que no hay que repetirse.

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“IN A HALF-WORLD OF TERROR”, el primer relato publicado de Stephen King.

In a Half World of Terror - Stephen King

¡Buenos días, viajeros espaciales!

Aprovecho la reciente entrada de curiosidades del Rey del Terror para reseñar (muy brevemente) el primer relato que Stephen King consiguió publicar, con dieciocho años, allá por el 1965 (y que curiosamente firmó como Steve King). ¿Su titulo? In a Half-World of Terror (En el Submundo del Terror).

¿Y qué tal está?

Veámoslo.

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Curiosidades de Stephen King.

tito king2

¡Buenos días, viajeros espaciales!

Mi lectura actual es Revival, de Stephen King. Por eso, y porque ya sabéis que el Rey del Terror me genera cierta fascinación, me propuse recopilar datos curiosos sobre este monstruo de las letras que se puede considerar, como él mismo se definió en una entrevista, como el Big Mac de los libros. Y así lo he hecho. Pero ojo: siempre teniendo en cuenta que la mayoría de los datos no tienen ni por qué ser verdad; ya sabemos que sobre las grandes figuras salen leyendas inmediatas, tanto inventadas por el populacho como promovidas por la máquina promocional. Así que, teniendo esto último presente…

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POR QUÉ ESCRIBO LITERATURA (novelado).

inkwell

La vida no es más, ni menos, que una acumulación de experiencias. Algunas de ellas son anecdóticas. Otras perduran en nuestra memoria por un tiempo más o menos largo. Pero hay algunas experiencias que nos cambian la vida, que reordenan nuestra alma como si ésta estuviese formada por partículas cargadas y la experiencia fuese un campo eléctrico que recorriese nuestro ser. O si nos ponemos un poquito más románticos, hay experiencias como el chispazo del primer beso.

Mi primer beso no pasó de torpe anécdota, pero sí que conservo en la memoria un primer chispazo: mi primer libro. O mi primera novela de ficción, al menos. Recuerdo que me estremecí al sostener en mis manos el pesado tomo, de esos hechos con celulosa, pegamento y pasión; de los de antes, de los que huelen ligeramente a vainilla con el paso del tiempo. Se trataba de It, de Stephen King, y no tenía la más remota idea de lo que me iba a encontrar en sus páginas.

Y lo que me encontré fue el expolio sin compasión de horas de mi vida. Horas que se fueron a otro mundo lleno de adultos recordando la juventud. Y un payaso. Un payaso que sólo se hacía gracia a sí mismo.

El payaso.

El primer personaje de ficción que me cogió de la mano, me secuestró y me sacó de la realidad. Sentí miedo. La mano me agarraba como una tenaza que se sabía oxidada y se sentía orgullosa de ello. Su risa presagiaba cosas oscuras y funestas. La voz se metía en mi cabeza como un tsunami deseoso de explorar la tierra.

El payaso se giró y me miró. Aparté la vista. Una garra me agarró la mandíbula. Su tacto era… ¿delicado? Me obligó a mirar. Abrí los ojos.

—¿Acaso crees que sólo doy miedo?

Canessa, uno de los supervivientes de la tragedia de los Andes, me devolvía la mirada y le añadía una sonrisa. Me quedé pasmado.

—También puedo asombrar…

No hacía mucho, había descubierto en casa de mis padres el relato de aquella tragedia aérea. Y el libro lo había leído con asombro e incredulidad. ¡Viven!, se llamaba. Y ahora uno de los supervivientes me agarraba por la muñeca.

—…o hacerte soñar con reinos de fantasía…

Quien hablaba era un señor mayor de rostro afable, nariz inmensa y sombrero picudo. Gandalf se llamaba, como descubrí a los pocos meses.

—…enamorarte y hacerte llorar…

Una hermosa mujer me guiñó un ojo. Pelirroja. Aun no sé quien es.

—…convertir la vida en algo mágico…

Un niño repelente con gafas redondas me miró desafiante. Harry era su nombre, según la creadora Rowling me confesó una década más tarde.

—…o hacerte reflexionar con mundos por venir.

Un robot de aspecto humanoide hizo una reverencia. Creo que me lo crucé años más tarde en uno de los libros de la serie de los robots de Sir Isaac Asimov, donde le saludé. Me devolvió el saludo agitando la mano sobre la cabeza.

—Porque yo soy la literatura. Yo soy los libros. Yo soy la palabra. Y jamás te haré daño.

—No digas eso como payaso porque no sonará muy convincente —apunté ya más calmado.

—Mi labor como ese payaso no es hacerte reír —me dijo—. Mi labor siempre es la misma: llevarte donde sólo la palabra escrita puede llevarte.

Reflexioné largo y tendido sobre aquello, pensando en lo que dos libros, sólo dos libros, me habían hecho sentir. Entonces moví la cabeza de arriba abajo, de un lado a otro, y pregunté.

—¿Puedo crearte? Quiero que otros visiten mis historias.

El robot me miró con profundidad y se convirtió de nuevo en el viejo afable de sombrero picudo.

—Siempre he sido y siempre seré, aunque no siempre he estado descubierto.

Y con una de esas frases que sólo tienen sentido si se le quiere dar uno, desapareció. O su imagen, más bien, porque desde aquel chispazo, desde aquella experiencia, las partículas de mi ser se reordenaron con un único fin: compartir mundos inventados.