“HARRY POTTER III – EL PRISIONERO DE AZKABAN”, de J. K. Rowling.

Harry Potter y el Prisionero de Azkaban

¡¡Buenas tardes, viajeros espaciales!!

Continuamos con la saga del joven mago. Tanto que dices de no soltar spoilers, Poneletras, y llevas toda la serie desvelando que Harry Potter es un mago. Correcto. Pero teniendo en cuenta la fama del personaje y que en la portada del primer libro sale un unicornio, un perro de tres cabezas y él volando en una escoba, me he tomado la libertar de considerar el dato como sabido. Aclarado este punto, ¿que nos vamos a encontrar en Harry Potter y el Prisionero de Azkaban? Muchas cosas, y todas buenas. ¿Seguro? Pasa y lo verás.

Harry Potter y el Prisionero de Azkaban es un libro especial dentro de la saga de J. K. Rowling por muchos motivos. El primero, y para mí más importante, concierne a las circunstancias en las que la escritora acometió la obra. Mejor que explicarlo, lo pongo en palabras suyas (cita extraída de Wikipedia): “La mejor experiencia como escritora que he tenido. Lo escribí en un lugar agradable, con los problemas económicos acabados y sin la atención mediática agobiante del futuro”. No por nada, Harry Potter y el Prisionero de Azkaban es el tomo que menos tiempo a tardado en ser creado (un año) y, para un servidor, uno de los que contiene la trama más compleja (no en sí misma, sino desde la perspectiva del autor que tiene que pelear con ella para que sea coherente).

Otro de los puntos especiales del libro es, como J. K. Rowling ha mencionado, la libertad económica. Una libertad que le permitió desarrollar una trama alejada de convencionalismos comerciales y de etiquetas, creando en Harry Potter y el Prisionero de Azkaban una historia oscura, deprimente en algunos pasajes, donde la violencia deja ver su rostro y los tonos grises y la lluvia sirven de fondo. Ni que decir tiene que este tomo levanto cierta polémica en determinados sectores; un libro juvenil no debería tratar temas tan delicados en una atmósfera tan marcada. Pero por fortuna J. K. Rowling estaba por encima del “qué dirán”, y escribió lo que le rondaba la cabeza, que no era ni más ni menos que una historia madura de un joven mago (ups, otra vez el spoiler).

Al margen del tono, uno de los mayores saltos dentro de la saga de Harry Potter lo encontramos en la relación del protagonista con sus amigos. Resulta que, como cualquier hijo de padre, los protagonistas de la historias comienzan a sufrir inquietudes más allá de la inocencia infantil que manejó sus vida en los primeros volúmenes (sin ser esto un punto negativo de las dos primeras entregas). En este marco, afloran disputas, riñas, enfados e intentos por imponer el punto de vista propio sobre el ajeno; como digo, muy real. Solo con esto, J. K. Rowling consigue con Harry Potter y el Prisionero de Azkaban un +5 en madurez y realismo. Y es que no hay que olvidar que los jóvenes lectores de la saga (obviando los adultos) crecen al mismo ritmo que el protagonista de redondas gafas, por lo que este aspecto es una ventaja más.

Pero no se queda aquí la cosa, y en Harry Potter y el Prisionero de Azkaban, aparte de lo mencionado, encontramos una ampliación del mundo de J. K. Rowling digna de elogio, pues nos muestra infinidad de elementos nuevos que, además de coherentemente intercalados, nos desvelan la verdad de la saga (tiro de frase hecha): lo visto en los dos volúmenes anteriores no es más que la punta del iceberg. Así, aparte de mostrarnos un cada vez más complejo mundo mágico, J. K. Rowling prepara el terreno para futuras entregas, dejando caer aquí y allá información que, una vez leídos todos los libros de Harry Potter, veremos como pistas inteligentemente plantadas, llevándonos a pensar (por lo menos en mi caso) que la escritora británica tenía bien claro desde un principio lo que iba a pasar en la trama (cierto en cuanto a generalidades, pero falso en cuanto a desarrollo, como veremos en futuras entregas, aunque esto dota de más mérito a la labor de diseño de J. K. Rowling, que ha sabido crear con retazos una obra de solidez envidiable).

Ahora me permito un momento para comentar algo que me parece fundamental a la hora de atacar la saga de Harry Potter: para mí, Harry Potter consta de tres historias. Poneletras, fumao, que son siete libros. Tan cierto como que el hielo quema. Lo que quiero decir es que Harry Potter y el Prisionero de Azkaban lo considero como la primera parte del tramo más adulto y principal de la serie del joven mago. Es decir: en los dos primeros tomos el mundo mágico y el trasfondo histórico van cogiendo forma, pero no color ni importancia. En cambio, con este tercer volumen, J. K. Rowling deja bien claras sus intenciones para el futuro, pues al contrario que los anteriores libros, el final de Harry Potter y el Prisionero de Azkaban es una simple pausa en una línea argumental continua y que beberá de todos y cada uno de los elementos mostrados en este tercer volumen de la saga y en los siguientes. También en parte de los dos primeros, pero en menor medida, y como recurso utilizado por la escritora, no como una planificación que estuviese definida desde el principio (por lo menos así lo percibo yo). Sé que puede sonar confuso, pero es que mis dotes de explicación quedan en demasiadas ocasiones difuminadas hasta la invisibilidad, aunque os aseguro que este párrafo es un alago más hacia la obra de J. K. Rowling.

Anda que no se te nota la efusividad desmedida con este libro, Poneletras. Si, cierto. La verdad es que me he enrollado un poquito, pero merece la pena tener bien en cuenta todos los detalles que adornar este libro, tanto los obvios como los sutiles. Además, antes de que se me olvide, no hay que dejar de lado el hecho de que este es el tercer libro de J. K. Rowling; no de la saga, sino de su vida. ¿Qué quiere decir esto? Que la elaboración de la prosa y la definición de personajes y acciones sigue aumentando en riqueza, alejándose poco a poco de la prosa más sencilla y directa de los personajes “juveniles” para dejar entrever un estilo y diseño que poco a poco se va acercando al exigido por un lector consumado de literatura “adulta”.

Como veis, de la trama no he dicho casi nada, pero os aseguro que es de las más enrevesadas que se pueden leer en la serie de J. K. Rowling. Sencilla en su lectura y comprensión, sí, pero difícil de redactar. No por nada, Harry Potter y el Prisionero de Azkaban ganó el LOCUS a Mejor Novela de Fantasía (año 2.000); un premio prestigioso donde los haya y que dice mucho a favor del desarrollo de la historia del joven Harry Potter.

Y nada más, que ya está bien. Harry Potter y el Prisionero de Azkaban es un libro fantástico, maravilloso, que todavía ronda los límites de la literatura más juvenil, pero que tiñe el relato de pasajes oscuros, fríos y, en cierta medida, aterradores. Un libro donde J. K. Rowling consigue desplegar su todavía joven prosa en una trama sorpresiva que contiene giros más que suficientes para mantenerte pegado a las páginas. No por nada, la adaptación cinematográfica de Harry Potter y el Prisionero de Azkaban está considerada por muchos como la mejor película de toda la saga. Mucho tiene que ver en ello la mano de Alfonso Cuarón, director de cine atrevido y talentoso donde los haya, pero que poco tendría que hacer sin una historia tan rica como la que nos ocupa.

Gracias por haber leído hasta aquí, querido viajero, y siento haberme explayado más de lo normal, pero la ocasión lo merecía, y creo que sería un crimen dejar caer a la serie de Harry Potter en la etiqueta de “juvenil”; de ahí mi empeño en mostrar las bondades adultas de estos libros (sobre todo a partir de ahora). Comenta si te place, critica si lo necesitas y difunde mi palabra si te sale de ahí.

¡Sed felices y comed perdices! (o verduras, según persona).

TÍTULO: Harry Potter y el Prisionero de Azkaban (Harry Potter and the Prisoner of Azkaban, 1999).

AUTOR: J. K. Rowling.

PÁGINAS: 360 (cartoné y bolsillo).

EDITORIAL: Salamandra.

ISBN: 9788478885190 (cartoné) – 9788498383430 (bolsillo).

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