Las Fiestas del Santo [Microcuento]

Juanje López – Las Fiestas del Santo [Microcuento – 1 página]

¡¡Buenas tardes, viajeros espaciales!!

Aprovecho que estamos en plena fiesta grande de Pamplona (y la más internacional de España, me atrevería a decir sin rubor) para regalaros un microtexto que envié a un concurso que, obviamente, no gané. Intenté transmitir lo que un ajeno con ganas de desmitificar sentiría al ir por primera vez a las fiestas de los San Fermines. Ni que decir tiene que, al no haber estado nunca en ellas, el resultado fue un poco… bueno, dejo los calificativos a vuestra elección. Pero vamos, que no ha terminado de gustarme. Aun así, aquí lo dejo.

Como novedad, y con carácter retroactivo (cuando consigua robar horas a algún despistado), los microtextos que vaya colgando, además de en formato PDF en el encabezamiento de la entrada, irán como texto en el cuerpo de la misma. Y sin más, os dejo con estas pocas líneas alabando las bondades de estas fiestas tan señaladas.

LAS FIESTAS DEL SANTO 

Dispuesto a desmontar la grandeza de las fiestas del Santo, cerré la maleta y fui al aeropuerto sin una sola prenda roja conmigo. Al llegar a destino, el aeropuerto era un hervidero de comentarios exaltados y foráneos ávidos de fiesta. Libreta de periodista en mano, seguro de poder destapar el mito, me encaminé al hotel. Nunca llegué a él. Una magia que creía inexistente me rondó, me tanteó y me cautivó al pisar la ciudad. A los veinte minutos ya había comprado varios pañuelos rojos y me había cambiado el atuendo. A la media hora devoraba copiosos manjares, me refrescaba con espirituosos de la tierra y reía amistosamente. A las dos horas me dejaba mecer extasiado por la marea de festeros. Al llegar la noche retozaba junto al ser más hermosos de la creación; australiana, treinta años. Al amanecer la adrenalina del encierro invadió mi cuerpo, bombeando en mi corazón bravura y arena. En el inevitable final de aquella semana cogí un avión hacia un nuevo futuro. A mi lado, la mujer de cabello plateado que compartiría mi vida. En mi interior, la firme promesa de volver. En mi maleta, prendas en rojo y blanco, amistades y la grandeza de las fiestas del Santo.

Nada más por ahora, queridos viajeros. ¡¡A ser buenos y sed felices!!

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