“CIEN AÑOS DE SOLEDAD”, de Gabriel García Márquez.

Cien Años de Soledad

¡Buenos días, viajeros espaciales!

Hoy toca hacer una reseña muy especial, ya que Cien Años de Soledad, de Gabriel García Márquez, ha sido por décadas mi archienemigo. Y es que todo lector tiene a su archienemigo esperando con paciencia en la estantería; ese libro maldito que no te disgusta cuando empiezas a leerlo pero que, por avatares de la vida, tienes que abandonar una y otra vez.

Pues para mí que eso del libro archienemigo no existe.

¿No? Vaya… ¿Pues sabes qué? Que no me importa. Que prefiero creer en un libro esperando con paciencia y que tienes que abandonar forzosamente una y otra vez antes que rendirme a la realidad mundana carente de especias. Porque de eso trata Cien Años de Soledad, de no asombrarse con lo asombroso y ver un poco más allá. Pero intentemos estructurar un poco mejor lo que, me temo, será una reseña extensa. Al lío, señores. Dirección Macondo.

EL LIBRO MALDITO DE LA ESTANTERÍA

Voy a sintetizar lo del archienemigo y a despojar a la prosa de todo caracter literario para la siguiente frase: Cien Años de Soledad lo he empezado unas siete veces en mi vida, y por pitos y flautas (más por estas últimas), siempre tenía que abandonar la lectura alrededor de la página cincuenta. No es que no me gustase el libro, o no me atrapase, sino que tenía que abandonarlo. Un cambio de trabajo, una mudanza, una relación, una mariposa aleteando al otro lado del mundo… Daba igual el motivo. Era incapaz de leer Cien Años de Soledad. Y tal era mi frustación (sabía que en la estantería me aguardaba una experiencia única) que llegué a desistir. “No más cortejos. Si tenemos que terminar juntos, que sea la providencia la que dicte el dónde y el cuándo”, me dije. Y así pasaron los años, con miradas furtivas a la estantería, hasta que en un descanso de esto de aporrear el teclado, en un blog de cine y televisión, vi una noticia: “Netflix encarga la serie de Cien Años de Soledad”. Aquel titular me removió. “El vampiro tecnológico que succiona nuestro ocio hace la serie y tú sin leerlo. ¡Cobarde!”, me grité. Así que fui a la estantería, cogí el volumen mil veces manoseado en sus primeras páginas y me senté a leer. Entonces…

MACONDO NO ES UN PUEBLO. MACONDO ES LA VIDA

…descubrí que la vida era mucho más que lo que vemos. Es lo que sentimos, lo que recordamos y, sobre todo, lo que no vemos. No hablo de realismo mágico, si no de la magia de la realidad. Porque desde el punto de vista desapasionado del narrador, que mantiene el tono ya aparezca un galeón en medio de la selva, ya un muerto adoctrine a su descendiente, se comprenden todos los planos que la existencia ofrece. Y es aquí donde Gabriel García Márquez añade a su obra la palabra maestra. Porque la prosa, el ritmo y el tono es un prodigio de la literatura; un servicio de transporte que no para, al que te subes en marcha y en el que la velocidad aumenta de forma exponencial. Es inevitable leer con premura, como si fuera más importante pasar de página que respirar, y no por saber el final de la historia, sino para descubrir lo que es la vida, con sus penurias y sus alegrías, sus milagros y sus cosas absurdas. Porque Cien Años de Soledad es un relato sin más para el propio Márquez, o para sus allegados en los que se inspiró para crear Macondo, carente de todo alago más allá del “sí, así de jodida era la vida”, pero para el resto de mortales, para los que no formamos parte de su vida, Cien Años de Soledad es una experiencia única que te deja exhausto. Porque si tengo que sacarle alguna pega a este libro es esa: cansa, mucho, agota. Pasan tantas cosas y con tanta velocidad que es imposible que no aumente el ritmo cardiáco (mi pulsera de actividad tiene que andar enloquecida). Y bendito cansancio. Porque me atrevería a decir que nunca he resoplado tanto al leer la última frase de un libro como con Cien Años de Soledad; un resoplido prolongado, estridente, agotador. Maravilloso. Porque quizás alguien sí ha leído este libro para saber el final, si es que lo había, pero no es mi caso. No. Me he deslizado por la espiral de los Buendía para poder ser parte de Macondo, para poder decir: “¿Los Buendía? Sí, claro que los conozco”, con el agravante (en mi caso) de corregir cuanto antes la tremenda ofensa cometida de no haber formado parte antes de la vida. Y es que aunque puedo afirmar que, literariamente, puedo morir tranquilo, el remordimiento por haber llegado tan tarde al pueblo me rondará por siempre, dándome golpecitos en el hombro cuando esté desprevenido. “Perdone, señor. ¿Se acuerda de cuando no pasó de la página cincuenta? Perfecto. Volveré si se olvida”. Porque más vale tarde que nunca, pero eso sólo lo dicen lo que nunca han llegado tarde.

CUANDO TE OLVIDAS DE QUE ESTÁS RESEÑANDO

Porque eso es lo que me ha pasado, ahora que me doy cuenta. Me he dejado llevar por la lectura recién terminada y, como si de una mala copia de Márquez se tratase, he puesto un subtítulo y he soltado una parrafada a ratos incoherente sobre la nueva visión del mundo y de mi mismo que tengo tras leer Cien Años de Soledad. Y por ello, pido perdón. Y para intentar enmendar mi error, sintetizo: Cien Años de Soledad, de Gabriel García Márquez, es sin duda una de las obras más… (lo siento, pero me sale) preciosas que he leído nunca. La prosa y el punto de vista del narrador humanizan lo raro y lo absurdo, lo llevan al plano del “no podría ser de otra manera”, y te llevan a un viaje de vértigo donde la rueda gira y el destino es algo que no se puede eludir ni con las más estrombóticas de las artimañas. Y de nuevo me dejo poseer por la literatura.

Así que lo dejo. El anuncio de la serie de Netflix es una gran excusa para volver a pasear por las calles de Macondo, o descubrirlas si no lo has hecho aun. Porque Cien Años de Soledad es una obra única que el mundo necesitaba, y que el bueno de Gabriel García Márquez tuvo a bien de parir en medio de las más absoluta de las miserias.

Voy a despegarme del teclado y tranquilizar mi espíritu, que aun anda atribulado. Voy a sentarme bajo el roble y que el mundo gire cuanto quiera. Y a ti, querido viajero, ¡feliz lectura!

Cien Años de Soledad

TÍTULO: Cien Años de Soledad, 1967.

AUTOR: Gabriel García Márquez.

PÁGINAS: 496.

EDITORIAL: Debolsillo.

ISBN: 9788497592208.

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